Capítulo 51 - Nacida de la llama
By Pedro Urvi
Al llegar al glaciar no se pararon y continuaron hacia al interior. Había una entrada similar a la de la cara norte. La atravesaron y siguieron corriendo. Vieron una enorme araña albina, uno de los vigilantes de aquel lugar, pero los dejó pasar. Nahia imaginó que Irakas-Gorri-Gaizt tenía permiso para entrar.
Llegaron a la perla y vieron que no había nadie allí.
Dejaron a Nilsa y Dafne en el suelo y Nahia las examinó. Estaban bien, pero habían perdido el sentido. Sacó del macuto el odre de agua y les mojó la cara. Las dos volvieron en sí enseguida. Sus ojos no estaban azules. Nahia resopló.
—¿Qué ha pasado? —preguntó Lily. Le dolía la cabeza.
—¿Me ha pegado alguien en la nuca? —preguntó Dafne masajeándose.
—No ha quedado más remedio… —se disculpó Ivo.
—Nos ibais a matar —dijo Taika.
—Yo sigo ciego —dijo Aiden.
—Contra eso no puedo hacer nada, se te pasará en un rato —dijo Nahia, que miró a Dafne y le preguntó con la cabeza.
Esta se encogió de hombros.
—Más vale o Dafne se va a enterar.
Dafne miró a Nahia y le hizo un gesto preguntando si había sido ella. Nahia asintió y Dafne sonrió.
De pronto vieron a un mago nativo en la distancia. Llegaba con otros. La perla los tapaba y no los habían descubierto todavía.
—¡Más magos! —Nahia miraba alrededor.
—¿Qué hacemos? —preguntó Ivo.
—Mejor no enfrentarnos a ellos —dijo Taika—. Su alcance es mayor que el nuestro.
—Entonces escondámonos. Hay cientos de cuevas aquí —propuso Lily.
—Buena idea —asintió Dafne.
—¡Vamos! —Nahia echó a correr con la perla a su espalda ocultando su presencia y se llevó a Aiden. Pasaron delante de una cueva, pero por alguna razón no le gustó. Llegó a la siguiente y esta sí le pareció bien. Se metió dentro llevándose consigo a Aiden y el resto le siguieron.
La cueva estaba muy oscura y era enorme. Nahia entró un poco más para apartarse de la entrada, aunque dudaba que los vieran desde fuera en aquella oscuridad. Luego lo pensó mejor y entró más adentro palpando la pared hasta no ver la entrada.
—Aquí, no se nos ve desde fuera —dijo a sus compañeros.
Se quedaron agazapados en silencio. Fuera escucharon pasos. Eran diferentes a los suyos, estos parecían arrastrar los pies sobre el suelo helado. Todos se mantuvieron en silencio.
Nahia llevó la mano a la daga y permaneció callada. De pronto aparecieron unos ojos felinos en medio de la oscuridad y se escuchó un gruñido.
—Una pantera —susurró Taika, que reconoció los ojos y el gruñido.
Un nuevo par de ojos aparecieron junto a los primeros y otro gruñido amenazante.
—Lobo, grande —reconoció Taika.
Las dos fieras no se movieron del sitio, pero volvió a oírse un gruñido y un rugido.
—Nos invitan a irnos… —susurró Taika—. Esta es su cueva, su territorio.
—No podemos salir —dijo Nahia.
Un tercer par de ojos aparecieron sobre los otros dos. Estos eran reptilianos y grandes. Esto sorprendió a todos.
—¿Dragón? —preguntó Ivo.
—No, pero es de la familia… —intuyó Taika.
—Esto se pone feo —opinó Lily.
De pronto Nahia sintió un filo helado sobre su garganta.
—Shhh… —susurró alguien en su oído.
Nahia se quedó callada y quieta como una estatua.
De súbito, frente a ellos se hizo una pequeña luz blanca que iluminó a todos.
Vieron una pantera de las nieves que los observaba preparada para atacar. Junto a ella había un lobo grande, ambos con tupidos pelajes de zonas invernales. Detrás de ellos había una criatura como la que no habían visto nunca. Era una mezcla entre un dragón y un gecko de escamas de color azulado que observaba con grandes ojos reptilianos y saltones.
Todos miraban a las tres criaturas frente a ellos y no notaron a la cuarta que tenía el cuchillo sobre el cuello de Nahia.
Taika se dio cuenta.
—Humano —avisó y se giró hacia Nahia.
Todos lo hicieron y vieron que un humano con capa y capucha blancas presionaba un cuchillo sobre el cuello de Nahia.
—¡No la mates! —pidió Lily.
—Tranquilo… —dijo Ivo y levantó una mano.
Nahia dejo caer su daga y levantó las manos al frente para que su atacante la viera.
Con la otra mano, el atacante indicó que tiraran las armas al suelo.
—Haced lo que dice —indicó Taika y todos dejaron sus dagas en el suelo frente a ellos.
«Yo Camu, Drakoniano Superior. Esta ser mi cueva. Vosotros marchar» llegó un mensaje mental a todos junto a un sentimiento de gran sueño y cansancio, como si aquel ser acabara de despertar de un letargo.
La pantera de las nieves gruñó y el gran lobo rugió mostrándoles los colmillos.
—Nosotros no queremos haceros daño —dijo Taika.
—No tenéis nada que temer de nosotros —dijo Ivo gesticulando con sus grandes manos.
Nahia no se atrevía a hablar con el cuchillo en su garganta. Miraba al Drakoniano y sintió que era una criatura con mucho poder.
«Lasgol y yo no entender vuestro idioma. Marchar ahora» envió y el sentimiento de agotamiento de la criatura les llegó con él.
De nuevo la pantera de las nieves y el lobo amenazaron con gruñidos y mostrando sus fauces. Les iban a saltar encima.
De pronto Nahia se dio cuenta de que conocía aquel nombre: Lasgol. Y lo recordó.
El miedo que sentía no le había permitido darse cuenta. Lasgol era el nombre que Egil le había dado. ¿Era aquello una coincidencia o era el destino que los guiaba? No lo sabía, pero tenía que asegurarse.
—Egil —dijo Nahia.
El Drakoniano clavó sus ojos en ella y el filo del cuchillo presionó menos sobre su garganta.
—Lasgol, Egil —dijo Nahia.
Sus compañeros no entendían qué estaba haciendo y la miraban con ojos perplejos.
—¿Egil? —preguntó una voz masculina a su oído.
—Egil Olafstone —dijo Nahia, que había memorizado el apellido del prisionero.
La presión del cuchillo desapareció de su garganta. El atacante la giró hacia él y le pudo ver la cara. Era de piel blanca con ojos azules y cabello rubio, de la misma edad que Egil. Llevaba un arco con flechas a la espalda e iba vestido por completo de blanco, con capa con capucha, como para camuflarse en la nieve.
—Lasgol —dijo y se señaló con el cuchillo.
Nahia asintió.
—Nahia —dijo ella.
—¿Egil? —preguntó Lasgol.
—Egil con Nahia —respondió ella y se señaló a sí misma.
Vio que el ser y el humano se miraban y tuvo la sensación de que se estaban comunicando. ¿Podía aquel humano enviar mensajes como los dragones?
«¿Dónde estar Egil? ¿Estar bien?» preguntó el Drakoniano y le llegó un sentimiento de gran preocupación.
Nahia asintió varias veces. Luego junto las manos cerradas con las muñecas hacia arriba.
«¿Prisionero?».
Nahia asintió.
«¿Dónde?».
—En Kraido. En academia Drakoros. Mazmorras.
De nuevo el humano y el Drakoniano se miraron. Estaban enviándose mensajes.
«Kraido mundo dragones. ¿Vosotros venir de allí?».
Nahia asintió.
«¿Gran portal abierto en Continente Renacido?».
Nahia volvió a asentir.
«Mucho malo» envió el Drakoniano junto a un sentimiento de gran pesar.
De pronto se oyeron pasos a la carrera fuera. Eran botas. Las escuadras Ardiente y Candente regresaban.
Nahia miró a Lasgol.
—Egil tú —dijo y señaló primero fuera, luego a ella y luego a Lasgol, intentando hacerle entender que Egil le había enviado a buscarlo.
Lasgol sonrió y asintió. Luego miró a la criatura y parecieron hablar.
«Tú decir a Egil nosotros rescatar».
Nahia abrió mucho los ojos y les hizo señas de que no, que era muy peligroso.
Lasgol sacó una de las flechas de su carcaj, la partió y puso la punta en la palma de la mano de Nahia, luego la cerró con su mano.
—Egil —dijo.
Nahia entendió y asintió.
Un rugido enorme sonó en el exterior. Llegaba Irakas-Gorri-Gaizt.
Nahia señaló hacia fuera con urgencia.
«Dragón poderoso. Yo sentir. Vosotros ir» dijo la criatura llamada Camu.
Lasgol hizo un gesto de que marcharan.
Nahia marchó y con ella el resto. Salieron de la cueva y encontraron a las dos escuadras aguardando. La Escuadra Candente tenía también dos heridos. Irakas-Gorri-Gaizt regresaba de dar una última pasada. Nahia dedujo que habría matado a los magos nativos, o quizá estos se habrían escondido como ellos.
«Marchamos. Esta zona está llena de nativos agresivos, algunos con magia. Es una zona peligrosa. Debemos reportar», envió y descendió sobre la perla. Un momento después abría el portal.
«Entrad. Regresamos».
Las tres escuadras se subieron a la perla ayudando a los heridos y entraron.
Salieron en la perla del Continente Renacido. Las tres escuadras cayeron agazapadas y se levantaron. Los Escuadrones Negro y Cristalino ya estaban allí con sus líderes con un par de heridos.
«Formad conmigo» ordenó Irakas-Gorri-Gaizt y se apartaron de la perla. Nahia quería decirle que tenían que llevar a Elsa al campamento de guerra para que la atendieran, pero no podía dirigirse al dragón. Estaba segura de que ya se había percatado de que tenían dos heridos que necesitaban atención, pero no le importaba.
Llegó el Escuadrón Blanco y Nahia miró a Logan, parecía intacto. Se movió y no vio ninguna herida en él. Suspiró muy aliviada. Logan la vio y la miró por un momento, como asegurándose de que ella también estaba bien. Saludó con la cabeza y corrió a formar ante su líder.
Continuaron llegando los escuadrones. El azul venía sin ningún herido y Nahia se alegró en el alma de que Ana estuviera bien. Ella sonrió y saludó con una inclinación de cabeza. Nahia resopló muy aliviada.
Finalmente llegó el marrón con Maika y de inmediato Nahia vio que algo no iba bien. Dos personas quedaron tendidas en el suelo y otras dos no podían ponerse de pie por las heridas. El corazón de Nahia dio un vuelco, una de las que no se levantaba era Maika. Sus compañeros de escuadra la arrastraron junto a su líder. Nahia vio a Nielse arrodillado junto a Maika, le estaba intentando reanimar el corazón mientras otro le insuflaba aire en la boca.
—¡Maika, no! —exclamó Nahia y corrió a su lado.
«¡Quieta en tu puesto! ¡Mantén la formación!» llegó el mensaje de Irakas-Gorri-Gaizt.
Nahia lo ignoró y llegó hasta Maika. Estaba morada.
—¿Qué le ha pasado? —preguntó con el corazón que se le salía de la angustia.
—Indígenas de la selva con cerbatanas y dardos envenenados —dijo Nielse.
Nahia vio la mano derecha de Maika muy hinchada, la cogió y le dio la vuelta. Tenía dos punzadas claras. Dos dardos la habían alcanzado. Sacó su daga y le hizo dos cortes transversales sobre las heridas. Se llevó la mano de Maika a la boca y comenzó a chupar para extraer el veneno, era lo único que se podía hacer. La situación era similar a una picadura de serpiente venenosa. Al pensarlo se angustió todavía más. Los venenos solían ser mortales la mayoría de las veces. Chupó y escupió.
—¡Antídoto! ¡Traedme un antídoto! —gritó mirando a todos.
Ana y Logan estaban con ella.
—¿Quién tiene un antídoto? —preguntó Logan.
—¡Un antídoto, por favor! —pidió Ana.
Pero allí no estaban más que ellos, no había ningún curandero. Logan revisó su macuto y buscó entre la pequeña bolsa de medicinas por si había algún antídoto. No lo había.
Maika abrió de pronto los ojos.
—Maika, aguanta —dijo Nahia.
Maika la miró y tosió. Salió sangre.
—Lucha… por la libertad… —susurró con un hilo de voz.
—Lo haremos juntas, aguanta—dijo Nahia, que seguía intentando extraerle el veneno.
Maika comenzó a convulsionar y un momento después, murió.
—¡Noooooooooo! ¡Maika! ¡Noooooo! —clamó Nahia.
—Se ha ido —dijo Nielse con la cabeza baja.
Ana lloraba desconsolada. Logan, de rodillas, negaba con la cabeza y con los ojos húmedos.
Nahia miró el rostro morado e hinchado de su amiga y la rabia le llenó el alma. Señaló a su líder.
—¡Habéis sido vosotros! ¡Vosotros la habéis matado! ¡Malditos!
«Cuidado con lo que dices, humana, o tu destino será el mismo que el de ella» respondió.
Nahia, fuera de sí, fue a responder al dragón, a decirle todo lo que pensaba de ellos con toda la rabia de su ser, pero Logan le tapó la boca con su mano.
Nahia se resistió e intentó librarse para poder acusar a aquellos malditos dragones sin alma ni escrúpulos con todo su ser.
Sintió que Logan le hacía algo en el cuello y todo se volvió negro. Perdió el sentido.